Cuando las historias volaron | Microrrelato

Hoy he contado las historias más absurdas que alguna vez habitaron mi cuaderno. Al hacerlo han desaparecido. Han volado cual recuerdo olvidado que ya no necesitamos para sentirnos nosotros mismos y cuando lo han hecho me he emocionado como una estrella fugaz que por fin puede despegar.

Cuando he cerrado los ojos ya no las he encontrado. Sus huellas estaban calientes, como si todavía estuvieran vigilándome, pero el sonido metálico que hacían al ser contempladas, consecuencia de sus cadenas, había sido tornado en cantos de pájaros que nunca se habían sentido libres pues no conocían el sentido de las prisiones.

Entonces he abierto mi cuaderno el tiempo justo para contemplarlo vacío. Me estaba invitando a plasmar más historias en sus páginas. Y yo, como un loco, he tomado un bolígrafo entre mis manos y he contado todo lo que el pasado no me había dejado narrar.

 

«La realidad no respiraba en la calle» | Microrrelato

Hubo un día que traté de escribir sin música. La sala parecía oscura, la noche demasiado clara. Narraba sin mapa. Luchaba sin fuerza. Plasmaba historias sin alma sobre un papel que no quería recibirlas.

Aquella noche fue una mañana sin día. El tiempo jugaba conmigo. Cada tecla viraba las horas. Era un invierno en el que la Luna se sonrojaba con una sonrisa veraniega. Las estrellas no enseñaban a la Osa Polar y en su lugar volaban miles de águilas que portaban luciérnagas a su espalda.

La realidad no respiraba en la calle. Estaban paralizados por el miedo. Aunque si mirabas bien, al fondo, se veía la sombra de dos niños con botas de agua y bañador a los que solo les importaba pasárselo bien.

Y mientras el mundo se volvía loco yo trataba de recordar las notas de alguna canción que me enseñaran qué tenía que escribir.