Una cárcel de oscuridad | Relato

Carcel de oscuridad Carmelo Beltrán

Desperté encerrado en una habitación sin paredes. La niebla protegía a las miradas de perderse en la inmensidad del alma que se encuentra perdida, el sonido de una lluvia invisible resonaba contra paredes que no existían y me dedicaban la escasa paz que era capaz de atisbar.

Aquella habitación estaba completamente vacía, o al menos esa era la impresión que daba la profunda oscuridad que acechaba mirases donde lo hicieras. Titubeando, con miedo de dar un paso y caer al vacío, caminé a tientas, cual ciego, tratando de acariciar con mis dedos una pared que me diera seguridad, una perspectiva a la que agarrarme, un punto cardinal al que pedir ayuda.

Pero no había nada. Nada era cuanto tenía delante. Nada era la sensación que poco a poco se estaba apropiando de mi corazón, de mi mente, de mis pensamientos y objetivos. Pasaron horas, días, minutos, segundos. No lo sabía. Sin reloj, sin una referencia era imposible medir el paso del tiempo y la melancolía que resonaba cual nota de música olvidada en mi mente me hacía pensar que mi encarcelamiento había durado más de una eternidad.

Terminé por rendirme a la oscuridad. Me había ganado la batalla. No había podido resistirla. Ahora controlaba mis movimientos. Sin saber por qué acabé tumbado en el suelo sin saber hacia dónde enfocar la mirada para poder respirar.

Sin embargo, aquella noche no era consciente de que lanzarme contra el suelo había sido el mayor error que había cometido. Allí podía recuperar mi cordura. Podía plasmar sobre las baldosas trazos de historias rascando con mis uñas. No me importaba no verlas, no tenía sentido escucharlas. Saber que estaban allí, que contaban mi historia, era suficiente motivo para aguantar una bocanada de aire más.

Nunca logré escapar de aquella prisión. Ni siquiera supe qué era lo que me había atenazado. Pero he dejado estas líneas en forma de relato. Quizás la próxima víctima pueda sentirse acompañada hasta que le llegue la hora de su muerte. Yo no tuve esa suerte. Agradece esta piedad.

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