La parsimonia de la madrugada | Microrrelato

La parsimonia de la madrugada Cuaderno de Carmelo

La mañana lucía con la parsimonia de siempre. Las luces se sonrojaban conforme el sol iba a apareciendo y cesaban en su brillo como señal de respeto mientras los gatos de pelaje oscuro se escondían para que nadie conociera su respeto.

Las calles eran caminos desiertos. El rocío de la mañana se mostraba sin vergüenza y los grillos apuraban las últimas notas que componían su melodía.

En mitad de aquel baile de melancolía una única respiración humana habitaba. Era una pequeña niña sentada en el banco de un parque. Si no la buscabas sabiendo qué encontrar nunca la hallarías. Tenía el silencio de los eclipses y el brillo de la Luna, por eso pasaba desapercibida para todos aquellos que no entendían que era realmente importante.

Cuando el resto del mundo se llenó de respiraciones ella abandonó su lugar. Se esfumó cuál fantasma, se evaporó como la noche cuando llega el sol. Nadie supo jamás de ella. Tampoco nadie la buscó y por ello siguió vagando por los la vía de la añoranza. Solo suplicaba que alguien se fijara en sus lágrimas.

Carmelo Beltrán

@CarBel1994

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