«Volar para escapar» | Relato

Volar para escapar carmelo beltrán

Era de noche en la ciudad. Desde su cama atisbaba sonidos perdidos e incomprensibles que llegaban desde más allá de las ventanas. Imaginaba historias a su alrededor. Pensaba sus pasados, trataba de robarles los presentes, aunque todos sus relatos terminaban con la fría comprensión de que era él quien no tenía futuro.

Llevaba demasiado tiempo atado a aquella cama. No en sentido literal, sino metafórico. Una enfermedad de esas que llaman extrañas le había supuesto una penitencia de por vida. Su respiración dependía de una enorme máquina que emitía sonidos atronadores. Por ende, su movilidad estaba limitada hasta los dominios de sus sábanas. Ni siquiera podía tumbarse como quisiera. Más de una noche había dado más vueltas de las necesarias y había terminado enredándose entre cables.

Al menos solían dejarle la ventana abierta. Al principio se la cerraban. A él le venía bien. Saber que fuera de aquella cuatro paredes existía un mundo del que ya no formaría parte le hacía sentirse perdido. Sin embargo, con el paso de los días y las semanas acabó pidiendo que las abrieran. Quizás no pudiera ser el protagonista de las historias, pero podría imaginar cómo terminaban. Era como un director de cine con superpoderes. Ellos tampoco estaban en escena nunca, pero eran los más importantes de todos los que participaban en la película.

Pero todo cambió aquella noche. Era igual que todas las demás. La Luna brillaba con la misma fuerza y los búhos, pese al invierno, seguían cantando con su suave ulular. Era la melodía que más le relajaba. Le ayudaba a dormir. Por ello cuando una paloma comenzó a golpear vehementemente la ventana con su pico pensó que debía de tratarse de un sueño. Nada más lejos de la realidad.

Se quedó atónito observándola. ¿Qué haría allí?, pensaba mientras la contemplaba. Ella seguía en su posición. Golpeando con una cadencia perfecta el cristal. Parecía que quería contarle algo y eso le provocaba una gran ansiedad al niño que la miraba desde la cárcel de las sábanas. Sensación que aumentó cuando atisbó que entre las alas llevaba una carta de la que probablemente sería el destinatario. Si no para qué estaba llamando con tanta fuerza, ¿no?, volvió a pensar.

Trató de levantarse, pero un tirón del cable que le ataba a la cama y a la vida le devolvieron a la realidad. La paloma estaba tan cerca que podía verla con todo detalle, pero demasiado lejos para una existencia que había sido limitada. Y ella, al comprobar que nunca le abrirían, decidió alzar de nuevo el vuelo.

Ante ello el niño lloró desconsoladamente. Se había ido el úncio ser que había ido a visitarle desde que hubiera encallado en aquel lugar. Llevaba una carta para él. Quizás fuera de su madre. No la veía desde hacía mucho tiempo. Hacía semanas que había dicho que volvería por la noche. Nunca lo hizo.

En un acto de locura desprovista de serenidad se armó de valor y arrancó el cable que le sujetaba a la máquina. Se sintió libre, muy cansado, pero feliz como no había experimentado desde hacía tanto tiempo.

Tambaleándose sobre sus pies se acercó hasta la venta. La abrió y con el brazo acarició el pollete en busca del resto de una carta que nunca apareció. Trató de llorar, pero ya no le quedaban lágrimas. Ni siquiera le quedaba aire.

Cuando quiso darse cuenta estaba volando en busca de su paloma.

El baile de las estrellas | Relato

El baile de las estrellas Cuaderno de Carmelo

Era una noche de aquellas en las que las estrellas se divertían pintando constelaciones. Ellas eran la sonrisa de un mundo que caminaba triste bajo sus bailes, aunque ni una sola de ellas les prestaba la suficiente atención. Era una pena, pues sus danzas interestelares eran las razones por las que cada día, antes de irse a dormir, un grupo de hermanos que no tenía nada sonreír al observarlas.

Pasaban los días, discurrían meses y años y aquellos hermanos se hacían cada vez mayores. Habían crecido tanto que muchos se habían olvidado de lo que era disfrutar de esos espectáculos, y ahora solo un miembro de la familia acudía cada noche en busca de su dosis de felicidad. Sigue leyendo